
No puedo gritar lo que siento, cuando siento el sol
Me indigna esta verdad que duele en la sangre, que hiere la paz de las ideas.
Porque vengo de un cuento, en el que no hubo hadas
Pero si los días, que no fueron ficción.
Ahora no puedo sentarme, no puedo acostarme, no quiero dormir.
Y a veces ni mi ser que viaja siempre por dentro, siente confort.
Tantos esquemas para que, tantas respuestas para que.
Si esta mano no hiciera caso de las letras que le fueron,
Estaría soltando en el aire un susurro.
Pero mis dedos tienen piel y la piel,
no reposa quieta en sus razones.
Eduardo Vergara ©
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