
La noche me convida el canto del silencio,
Mi cuerpo me incita, a pasear por sus sombras.
Mientras la lluvia se mueve y las gotas no se deciden,
Mientras las voces callan y el suelo se seca,
De lejos rugen, los insomnes motores
Me saludan, me gritan.
Y de cerca un grillo que me cuenta historias.
Será que debo resignarme
A la pequeñez, a la finitud de las costumbres.
Soñar. Será que debo soñar.
Eduardo Vergara