Imaginé el rumbo de los
días por llegar,
En algún rincón de la
noche cansada.
En ese relato, mis manos
te reconocían
Mi cuerpo te sentía; sin
estar, sin rozarte. Ni verte.
Apoyé los dedos en
la madera insípida,
Que no supo darme
respuestas.
Sin esperanza cerré los
ojos,
Hasta verlos amanecer, en
un espejo sin formas.
Entendí la esencia de
aquella hostilidad,
Cuando mire la cadencia,
de tus labios al hablar.
Fui un cosmonauta de
aquel paradojal instante,
Sin nave, ni cielo, sin suelo,
ni voz.
Ya sin respuestas, busqué
asilo en el día nuevo,
Que me trajera al menos,
una verdad.
Guardé en mis brazos, el
encuadre de tu espalda,
La perfecta conjunción de
nuestros cuerpos.
Tan ajenos, inoportunos,
obstinados,
Ellos quisieron mirarse,
antes que nuestros ojos,
Precediendo al destino.
Buscaron despertar, en una sincronía, que no puede explicarse.
Buscaron despertar, en una sincronía, que no puede explicarse.
Eduardo Ver
®
