
Mi rostro frunce el ceño, perplejo,
Disfuncional.
Desorientado en el insomne mundo,
Me pierdo en tu letra,
Me encierro en tu luz.
Sonrío cada uno de tus delirios,
Pero mi voz no te oye,
Ni mis ojos te pueden extrañar.
Me escurro, en la profundidad de la noche.
Mientras te despojas de tus labios,
Que ahora bailan en el aire.
Y me quedo con la instantánea imagen,
de tu naturaleza.
Y esta es la muerte de mi memoria,
Allí prefiero posarla, hasta el sol más intenso.
Cuando todo vuelva a ser liviano, inoportuno y real.
Eduardo Vergara©
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