sábado, 3 de julio de 2010

La terminal nublada





Y ahí estabas, eras el viejo de la canción perdida de Cristian, parecía que habías salido de tu cofre de ficción para hacerte tangible, de carne y hueso.
Yo, parasitado en mi butaca de espera contemplaba imperturbable los contornos de tu figura intrigante, extraña mezcla de aborigen del norte argentino e italiano del sur, quizá mafioso siciliano.
En tu epidermis podía apreciarse la nostalgia y el rigor del tiempo en una vida poco agradable. Tus manos se unían en rezo, implorándole al cielo una oportunidad tardía, un amor inspirador, una caricia de madre bondadosa o alguna noche de eterna lujuria en un burdel de mala muerte.
El cielo, indiferente, te observaba desde lejos, nublado y recio. Agazapado en los refugios del viento, que descendía helado desde las serranías, el hastío penetraba en tu sangre hasta devolverte a tu realidad en tinieblas.
Podía adivinarse en tus ojos extraviados, la imperiosa necesidad de despertar del letargo de los días, para vomitar los recuerdos del dolor en alguna alcantarilla.
Y así se te va la vida, implorando tus penas a un cielo impasible, reconociéndote en esa gente que te mira con desprecio, sobre la altura de sus hombros vacíos.
Escapaste del cuento ficticio para hacerte realidad en mis pupilas, que desgarradas de dolor persiguieron tus movimientos para hacerlos visibles en esta sobra de hoja.
Mientras tanto en mi mente tu figura, la esencia misma de estas letras, se vuelve rutinaria, repetitiva, continua y perturbadora por el resto de los días.
Tal vez puedas morir, pero volverás a nacer, las veces que sea necesario.

Eduardo Vergara ®

No hay comentarios:

Publicar un comentario