sábado, 3 de julio de 2010

Alegoría del aire impuro

Las horas pasan sin tiempo, como hundidas en pedazos de abismo, que nacen y mueren mientras inconstantes suspiros nos sumergen en la nada, principio de todo.
Algunos le ponen nombre, despectiva o pragmáticamente lo condenan al adjetivo perpetuo, a la cárcel del concepto
y allí lo abandonan, a la buena de algún dios.

Yo prefiero la libertad de la experiencia, al instante muerto del prejuicio.
Y me sumerjo, dejo que mi cuerpo fluya sin desesperarse, sin adecuarse.
Viajo sin gravedad hacia la intimidad de mis pensamientos y exhalo trozos negros de aire, que huyen agradecidos como marca del camino, como huella.

Ya no busco fuera de mí las sonrisas, formo parte de los fantasmas vivos que esos ojos no pueden ver.
Me confundo con los muros que siempre nos encuentran,
sin señalar la incoherencia que me abruma y que ata mis pies,
cuando se sostienen por este suelo.

Eduardo Vergara ®

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